Y al abrirse a sus pies la sepultura,

Volvió a su mente la razón perdida.

¡La razón fría! ¡la verdad amarga!

¡El bien pasado y el dolor presente!...

¡Ella feliz! ¡que de tan dura carga

Sintió el peso al morir únicamente!

Y conociendo ya su fin cercano,

Su mejilla una lágrima abrasó;

Y así al infiel, con temblorosa mano,

Moribunda su víctima escribió: