«Voy a morir: perdona si mi acento
Vuela importuno a molestar tu oído;
Él es, Don Félix, el postrer lamento
De la mujer que tanto te ha querido.
La mano helada de la muerte siento....
Adiós: ni amor ni compasión te pido....
Oye y perdona si al dejar el mundo,
rranca un ¡ay! su angustia al moribundo.
«¡Ah! para siempre adiós. Por ti mi vida
Dichosa un tiempo resbalar sentí,