BRUNO. ¿Qué escribirá?

DON EDUARDO. "¡¡Matilde!!" Dos signos de admiración … "no tema usted que la importune, no…." Este segundo "no" vale un Perú. "Ya sé que las condenas de amor no admiten apelación, y que no es culpa de usted el que yo no haya sabido agradarla;" Punto y coma … "pero al menos que la vea yo a usted hoy, que la vea a usted siquiera otra vez, antes que nos separe para siempre el océano…." ¡No vaya a parecerla todavía poco el océano!… "el océano o la eternidad…." Ahora sí que hay tierra de por medio … nada de firma … ni de sobre…. Bruno, entre usted este papel a doña Matilde.

BRUNO. Si….

DON EDUARDO. Éntrele usted por la Virgen.

BRUNO. Cuando….

DON EDUARDO. Mire usted que me va la vida.

BRUNO. ¡Santa Margarita! (Entra precipitadamente)

ESCENA VI

DON EDUARDO Y LUEGO DOÑA MATILDE Y BRUNO

DON EDUARDO. Si esto no la ablanda, digo que es de piedra berroqueña…. ¡Pobre de mí, y a lo que me veo obligado para obtener a Matilde!… ¡a engañarla, a fingir un carácter tan opuesto al mío!… ¡Oh! si yo no estuviera tan convencido como lo estoy de que Matilde me prefiere a pesar de pesares y que me deberá su futuro bienestar, jamás apelaría … ¡pero ella es!… Pongámonos en guardia. (Se sienta como absorbido en una profunda meditación)