DOÑA MATILDE. Sí, ¿qué hay?
BRUNO. ¿Qué hay?… lo de siempre … que el Sr. D. Eduardo está ya ahí con ganas de parleta, y que yo, como me han hecho ustedes, velis nolis, su corre ve y dile, me adelanto a reconocer el campo.
DOÑA MATILDE. ¿Dónde le dejas?
BRUNO. En el descanso de la escalera.
DOÑA MATILDE. Que suba … y tú, oye.
BRUNO. Suba usted caballerito … y yo oigo.
DOÑA MATILDE. Es necesario que te pongas en el cancel de esa puerta (A Bruno) y que nos avises de cualquier ruido que adviertas en el cuarto de papá, no sea que salga y nos sorprenda.
DON EDUARDO. ¿Qué tenemos, Matilde mía?
DOÑA MATILDE. Nada bueno, Eduardo; papá me acaba de asegurar que jamás me dará su consentimiento.
DON EDUARDO. ¡Será posible!