DOÑA MATILDE. ¡Yo arredrada! ¡yo arrepentida! No creía yo que me calumniara usted de ese modo, Eduardo, después de tantas pruebas como le tengo a usted dadas de mi amor….

DON EDUARDO. No es que yo dude … ¿ni cómo había de dudar … cuando esta misma mañana … allí … delante de aquel cuadro de Atala moribunda, me prometió usted casarse conmigo y seguirme, aunque fuera al fin del mundo? sino que … haciendo una hipótesis casi imposible, decía….

DOÑA MATILDE. Dichoso usted que tiene la cabeza para hipótesis … no me sucede a mí otro tanto … y si al cabo cedo a las instancias de usted….

DON EDUARDO. ¿Cede usted a mis instancias? ¡Oh! ¡qué ventura!

DOÑA MATILDE. Sí, hombre injusto; y para ceder mejor a ellas cierro los ojos sobre todas las consecuencias … diga usted ahora que soy tímida, o que soy….

DON EDUARDO. Digo, Matilde, que es usted una hembra extraordinaria … una verdadera heroína de novela … y arrojándome a sus pies protesto.

BRUNO. Que el amo bosteza. (Sin dejar su puesto)

DON EDUARDO. ¡Caramba! si se fastidia de estar solo y sale … no, no…. (Levantándose) aprovechemos los momentos … ahora son las ocho de la noche … conque así, Matilde, a las ocho y media me tiene usted al pie de aquella reja.

DOÑA MATILDE. Bueno; entonces ya me tendrá usted también pronta.

DON EDUARDO. No olvide usted la seña, tres palmadas mías.