BRUNO, Y DESPUÉS DOÑA MATILDE

BRUNO. ¡No sabía yo lo de la afiladura del espadín! Con esto, y con que después se le antoje el que yo tuve arte o parte en el negocio … y me atraviese como un palomino…. Dígole a usted que … vamos, por más que lo miro y lo remiro … no hay escapatoria … tiene que acabar la tragedia … porque a la altura en que estamos … es claro que o se matan ellos o los mata D. Pedro, o me mata éste a mí … o se mata él … o nos morimos todos de pesadumbre … lo dicho … tiene que haber muertes … tiene que haberlas necesariamente … a menos que un milagro….

DOÑA MATILDE. ¿Salió mi padre?

BRUNO (aparte). Adiós con mi dinero … ya está aquí doña Matilde.

DOÑA MATILDE. ¿No me respondes si salió mi padre?

BRUNO. Salió, y como un rehilete … no sé yo lo que podía urgirle tanto … pero … ¿qué hace usted?…

DOÑA MATILDE. Lo que tú has olvidado … apagar las velas….

BRUNO. ¿Que es de rigor en tales aventuras el andar a tientas?

DOÑA MATILDE. Es prudencia por lo menos para evitar el que la vecina de enfrente fisgonee lo que va a pasar en este cuarto.

BRUNO. ¡Ay! (Dase con la cabeza contra la pared)