DOÑA MATILDE. Pon luego una silla.
BRUNO. Pongo una silla.
DOÑA MATILDE. ¿Y está ya D. Eduardo?
BRUNO. Le estoy tocando con la mano la copa del sombrero.
DOÑA MATILDE. Entonces … ¿dónde dejaré la carta para papá?… y muy contenta que estoy con ella … ¡oh! me ha salido muy tierna y muy respetuosa … mucho más tierna que la de Clari en la ópera … aquí la pondré sobre la mesa … ahora vamos … no; me falta todavía que implorar al cielo, y rogar también por mi padre. (Se pone de rodillas)
BRUNO. ¡Si la tocará Dios en el corazón!
DOÑA MATILDE. Ahora quiero besar la poltrona (Se levanta) en que duerme papá la siesta … la mesa … la jaula de la cotorra … adiós, muebles queridos … adiós, paredes que me guarecisteis durante mis primeros … mis más dichosos años … y que quizá no volveré a ver más … dame la mano, Bruno … adiós, Bruno … que seas feliz … que me vengas a ver … ¡ay, que me caigo!…
BRUNO. No tenga usted cuidado … y déjese usted ir … ¡maldito alfiler!
DOÑA MATILDE. Que consueles a mi padre.
BRUNO. A buena hora, mangas verdes … téngala usted, D. Eduardo … así … ya llegó al suelo … y corren como gamos … y ya llegan a la iglesia … y ya entran y … Dios los haga buenos casados … quitémonos ahora de la reja … cerrémosla … y cuidemos antes de todo de esconder el espadín de acero.