DON EDUARDO. Di, Matilde, ¿has visto por ahí algún cepillo?
DOÑA MATILDE. ¿Para qué?
DON EDUARDO. Quisiera cepillarme un poco, antes de salir porque el polvillo del carbón….
DOÑA MATILDE. ¿Que vas a salir?
DON EDUARDO. Ya te dije que el apoderado de mi tío, que es escribano del consejo, me ha ofrecido emplearme en su despacho como copiante … cuando tenga que copiar, se entiende … y voy a ver si me adelanta cien reales, a cuenta de mis futuros garabatos, para pagar el casero y para ir viviendo.
DOÑA MATILDE. Y ¿qué me he de hacer yo entretanto, sin libros, sin piano…?
DON EDUARDO. En efecto, no tienes hoy mucho que trabajar….
DOÑA MATILDE. ¡En que trabajar!
DON EDUARDO. Sólo levantar la cama, barrer el cuarto, y … pero, lo que es desde mañana, ya me dirás si te queda tiempo para fastidiarte.
DOÑA MATILDE. ¿También tendré que barrer mañana?