DOÑA MATILDE. Es una vecina que….

VECINA. Soy la Nicolasa, señora … la mujer del guarda de a caballo … que vive en ese otro cuarto … ya se ve … su señoría no se acordará de mí … porque nunca me ha visto … o por mejor decir nunca me ha mirado a la cara, cuando me ha encontrado al subir o bajar del coche … aunque yo saludo siempre … pero doña Manuela la doncella me conoce muy bien … y le habrá hablado de mí a su señoría … toma si le habrá hablado muchas veces … como que por ella me tomó su señoría el otro día aquella pieza de batista.

MARQUESA. ¡Ah! ya caigo … usted es la que suele proporcionar ropa y géneros de lance.

VECINA. Cabalito … como mi marido es guarda….

MARQUESA. ¿Y tiene usted ahora algo de nuevo?

VECINA. Sí, señora, y de bueno … a eso venía, a enseñar a la vecinita un corte de vestido de punto de Flandes … como es recién casada … y como nada cuesta el ver … pero, con permiso de su señoría, cerraré la puerta … no sea que la encajera lo olfatee y vaya con el chisme … porque la tal encajera es capaz de todo … y si yo fuera a contar….

MARQUESA. No, no, mejor será que veamos ese corte.

VECINA. Aquí está … ¡cosa superior! y por un pedazo de pan … ochocientos reales … ni un ochavo menos.

DOÑA MATILDE. ¡Qué bonito!

MARQUESA. ¡Precioso!