ELISA. Y cualquiera que lo dijese diría la verdad. No es ciertamente mi cariño amor de melodrama, rabioso y alborotador, capaz de buscar remedio a sus desdichas en un puñal o en una caja de fósforos de Cascante;[1] pero lejos de entibiarse con el trato íntimo y diario de marido y mujer, halla en él su más firme apoyo, su incentivo más eficaz; y si no tengo venda en los ojos que me impida ver los defectos del ser amado, tengo en cambio paciencia y resignación para sufrirlos sin disgusto, antes bien con satisfacción y alegría. Amor es el mío, como ves, muy plebeyo y prosaico, amor a la pata la llana, que sentirá con igual fuerza mi corazón cuando la vejez arrugue mi piel y llene de canas mi cabeza.[2] ¿Te ríes? ¿Crees que una vieja enamorada sería cosa inverosímil y extravagante? Los afectos desordenados, únicamente en la juventud merecen disculpa: un sentimiento puro y honrado, a todas las edades les está bien.[3] Amor reprobado por la conciencia, dura poco; amor bendecido de Dios, puede durar eternamente.

[Footnote 1: #fósforos de Cascante:# a term used for matches of any kind, as Cascante was the center of the match industry.]

[Footnote 2: #amor a la pata la llana:# a simple, steady love (like travel over a level plain).]

[Footnote 3: #a todas las edades les está bien:# is becoming to those of every age.]

JUANA. Música celestial, y nada más que música celestial.

ELISA. No seas hipócrita de vicio. ¿Acaso tú no amas también a tu marido?

JUANA. ¿Yo amar a mi marido?[1] ¡Qué gracia! (Con viva indignación.) ¡Pues no estaría malo! Estas palomitas sin hiel son las que echan a perder a los hombres. Si todas tuviesen mi fibra y mi modo de pensar, ¡pobres de ellos! Nos temerían como a una espada desnuda.

ELISA. El miedo hace esclavos: la esclavitud hace rebeldes.

JUANA. ¡Que si quieres![2] Con el látigo y la espuela y el freno se doma a un caballo.

ELISA. Ya; pero como mi marido no es caballo….