ANTONIO. Lo celebro, amiguita.
JUANA. Bien convencida estaba yo de que tiene usted metida en un puño a la pobre Elisa.
ANTONIO. Otros suponen que ella me mete a mí en cintura.
JUANA. Como que es usted un hipocritón. ¡Hipocritón!
ANTONIO. ¡Juanita!
JUANA. Quite usted de ahí, que debería caérsele la cara de vergüenza.[4]
ANTONIO. ¡Señora!
JUANA. ¡Si no hay uno que no merezca estar en presidio!
ANTONIO. Gracias.
JUANA. ¡Abandonar el tálamo conyugal!