ELISA. Venga usted acá, don Fuguillas. (Procurando abrocharle el cuello.)

ANTONIO. ¡Oh!

[Footnote 1: #¡Si acabarás … tafetanes!:# You are just finding out that this is not going to be pleasant for me! Literally, it would be, that Magdalena is not in a humor to dress up.]

[Footnote 2: #¡Que si quieres!:# It is no use trying.]

ELISA. ¿Qué?

ANTONIO. ¡Que me ahogas!

ELISA. Ya está.

ANTONIO. ¡Pero cómo me aprieta! ¡Cómo me aprieta el condenado! (Estirándose el cuello con la mano violentamente.) ¡Voto va! (Dando una patada en el suelo.) ¡Ay! (Como si se hubiese lastimado un pie.) ¡Quién fuese moro para llevar siempre babuchas![1] ¡Ay! ¡Ay! (Anda cojeando por la escena.)

ELISA. ¿Te pondrás un chaleco negro?

ANTONIO. Negro o colorado; lo mismo me da. (Elisa entra por la puerta de la derecha y vuelve a poco con un chaleco negro.) ¡Por vida de Miguel! ¡Tome usted amiguitos![2] El primer hombre que se hizo amigo de otro, ¿en qué estaría pensando?[3] ¡Huy! (Tiritando y acercándose a la chimenea.)