ELISA. Por supuesto.
ANTONIO. ¡Ni la cena de Baltasar! ¡Y me he de quedar sin probarla!
ELISA. El lazo de la corbata deshecho.
ANTONIO. ¿Qué importa?
ELISA. Quien te viera así, diría: ¿qué mujer tiene ese hombre? (Le hace el lazo de la corbata.) No, no cenarás por ahí como hubieras cenado conmigo.
ANTONIO. ¡Qué diferencia! Te aseguro que no hay hombre más desdichado que yo.
ELISA. ¡Qué poca maña se da Pedro para limpiar la ropa! (Toma un cepillo del velador y cepilla la ropa de Antonio.) ¡Ay, hijo! ¡Parece que tienes azogue!
ANTONIO. Pero si….
ELISA. Quiero yo que te vean curiosito las ninfas del baile. En vez de estar mortificado toda la noche con las botas, te hubieras puesto las pantuflas.
ANTONIO. ¡Pantuflas de mi vida!