JUANA. ¡Oh! (Remedándola.) Pues has de saber por la mayor ventura del mundo que Miguel es un grandísimo bribón….
ELISA. Aprensiones tuyas.
JUANA. Y Antonio otro que tal.[1]
ELISA. Ni de chanza me gusta oír….[2]
JUANA. Sí, que yo soy chancera. Porque siempre está haciéndote mimos y carantoñas, te parece un bendito. Del agua mansa nos libre Dios, dice el refrán.[3] Esos hipócritas y cazurros tienen el demonio en el cuerpo.
ELISA. (¿Hasta cuándo pensará estarse aquí?)[4] Con tanto hablar, aún no me has dicho la causa de tu venida.
JUANA. A eso voy; pero dame antes una silla si no quieres que me caiga redonda. (Elisa acerca una silla a Juana, que ahora estará en un lugar diferente del que ocupaba al principio de la escena.) Gracias. (Sentándose.) ¿Entiendes de pulso?
ELISA (con sequedad). No.
JUANA. Debo tener un poco de destemplanza. Como soy tan nerviosa, cualquier disgusto me pone fuera de mí.
[Footnote 1: #Y Antonio otro que tal:# And Antonio another of the same stamp.]