El renegado tembló de pies a cabeza al oír semejante saludo,
y sacó del arado la reja de hierro como para defender su vida.
05 —¿Qué nombre acabas de pronunciar?—añadió luego,
avanzando hacia Manos-gordas.
Éste lo aguardaba riéndose, y le respondió en árabe, con un
valor de que nadie le hubiera creído capaz:
—He pronunciado ... tu verdadero nombre: el nombre
10 que llevabas en España cuando eras cristiano, y que yo conozco
desde que estuve en Orán[[97-1]] hace tres años....
—¿En Orán?
—¡En Orán, sí, señor!... ¿Qué tiene eso de extraordinario?
De allí habías venido tú a Marruecos,[[97-2]] y allí fuí yo a comprar
15 gallinas. Allí pregunté tu historia, dando tus señas, y allí
me la contaron varios españoles. Supe,[[97-3]] por tanto, que eras
gallego, que te llamabas Juan Falgueira, y que te habías escapado
de la Cárcel Alta de Granada, donde estabas ya en
capilla para ir a la horca por resultas de[[97-4]] haber robado y dado
20 muerte, hace quince años, a unos señores a quienes servías en
clase de mulero.... ¿Dudarás ahora de que te conozco
perfectamente?
—Dime, alma mía ...—respondió el renegado con voz
sorda y mirando a su alrededor—¿y has contado eso a algún
25 marroquí? ¿Lo sabe alguien más que tú en esta condenada
tierra? Porque es el caso que yo quiero vivir en paz, sin que
nadie ni nada me recuerde aquella mala hora, que harto he
purgado. Soy pobre; no tengo familia, ni patria, ni lengua, ni
el Dios que me crió. Vivo entre enemigos, sin más capital
30 que estos bueyes y que esos secanos, comprados a fuerza de[[97-5]]
diez años de sudores.... Por consiguiente, haces muy mal
en venir a decirme....
—¡Espera!—respondióle muy alarmado Manos-gordas—No
me eches esas miradas de lobo, que vengo a hacerte un(p98)
gran favor, y no a ofenderte por mero capricho. ¡A nadie he
contado tu desgraciada historia! ¿Para qué? ¡Todo secreto
puede ser un tesoro, y quien lo cuenta se queda sin él! Hay,
empero, ocasiones en que se hacen cambios de secretos sumamente
05 útiles. Por ejemplo: yo te voy a contar un importante
secreto mío, que te servirá como de fianza del tuyo, y que nos
obligará a ser amigos toda la vida....
—Te oigo. Concluye....—respondió calmosamente el
renegado.
10 Aben-Carime leyóle entonces el pergamino árabe, que Juan
Falgueira oyó sin pestañear y como enojado; visto lo cual[[98-1]]
por el moro, y a fin de acabar de atraerse su confianza, le
reveló también que había robado aquel documento a un cristiano
de Ceuta....