15 El español se sonrió ligeramente al pensar en el mucho
miedo que debía de tenerle el mercader de huevos y de
gallinas cuando le contaba sin necesidad aquel robo, y, animado
el pobre Manos-gordas con la sonrisa de ben-Munuza,
entró al fin en el fondo del asunto, hablando de la siguiente
20 manera:
—Supongo que te has hecho cargo[[98-2]] de la importancia de
este documento y de la razón por qué te lo he leído. Yo no
sé dónde está la Torre de Zoraya, ni Aldeire, ni el Cenet: yo
no sabría ir a España, ni caminar por ella; y, además, allí me
25 matarían por no ser cristiano, o, cuando menos,[[98-3]] me robarían
el tesoro antes o después de descubierto.[[98-4]] Por todas estas
razones necesito que me acompañe un español fiel y leal, de
cuya vida sea yo dueño y a quien pueda hacer ahorcar con
media palabra; un español, en fin, como tú, Juan Falgueira, que,
30 después de todo, nada adelantaste con robar ni matar, pues
trabajas aquí como un asno, cuando con los millones que voy a
proporcionarte podrás irte a América, a Francia, a la India, y
gozar, y triunfar, y subir tal vez hasta rey.[[98-5]] ¿Qué te parece
mi proyecto?[[98-6]]
(p99)
—Que está bien hilado, como obra de un moro....—respondió
ben-Munuza, de cuyas recias manos, cruzadas sobre
la rabadilla, pendía, balanceándose, la barra de hierro a la
manera de la cola de un tigre.
05 Manos-gordas se sonrió ufanamente, creyendo aceptada su
proposición.
—Sin embargo....—añadió después el sombrío gallego.—Tú
no has caído en una cuenta[[99-1]]....
—¿En cuál?—preguntó cómicamente ben-Carime, alzando
10 mucho la cara y no mirando a parte alguna, como quien se
dispone a oír sandeces y majaderías.
—¡Tú no has caído en que yo sería tonto de capirote[[99-2]] si
me marchase contigo a España a ponerte en posesión de ...
medio tesoro, contando con que tú me pondrías a mí en posesión
15 del otro medio! Lo digo porque no tendrías más que
pronunciar media palabra el día que llegásemos a Aldeire y te
creyeses libre de peligros, para zafarte de mi compañía y de
darme la mitad de las halladas riquezas.... ¡En verdad que
no eres tan listo como te figuras, sino un pobre hombre, digno
20 de lástima, que te has metido en un callejón sin salida al descubrirme
las señas de ese gran tesoro y decirme al mismo tiempo
que conoces mi historia, y que, si yo fuera contigo a España,
serías dueño absoluto de mi vida!... Pues ¿para qué te
necesito yo a ti? ¿Qué falta me hace tu ayuda para ir a apoderarme
25 del tesoro entero? ¿Ni[[99-3]] qué falta me haces en el
mundo? ¿Quién eres tú, desde el momento en que me has
leído ese pergamino, desde el momento en que puedo quitártelo?
—¿Qué dices?—gritó Manos-gordas, sintiendo de pronto
circular por todos sus huesos el frío de la muerte.
30 —No digo nada.... ¡Toma!—respondió Juan Falgueira,
asestando un terrible golpe con la barra de hierro sobre
la cabeza de ben-Carime, el cual rodó en tierra, echando sangre
por ojos, narices y boca, y sin poder articular palabra....
El desgraciado estaba muerto.