Quería: ¡he aquí la gran palabra!
Quería..., y lo conseguí.—¡Niños, aprended esta gran
verdad!
Salvé, pues, mi vida y la de Ramón.
10 Pero me volví loco.
Y, loco, mi locura fué el arte.
En tres años no solté la corneta de la mano.
Do-re-mi-fa-sol-la-si; he aquí mi mundo durante todo aquel
tiempo.
15 Mi vida se reducía a soplar.[[25-1]]
Ramón no me abandonaba....
Emigré a Francia, y en Francia seguí tocando la corneta.