—¡Ah! ¿Creéis vos?...
—Creo que aquella mujer que está de cuerpo presente[[28-2]] en el
fondo del cuadro era el alma[[28-3]] y la vida de este fraile que agoniza
10 contra el suelo; creo que, cuando ella murió, él se creyó
también muerto, y murió efectivamente para el mundo; creo,
en fin, que esta obra, más que el último instante de su héroe o
de su autor (que indudablemente son una misma persona),
representa la profesión de un joven desengañado de alegrías
15 terrenales....
—¿De modo que puede vivir todavía?...
—¡Sí, señor, que puede[[28-4]] vivir! Y como la cosa tiene fecha,
tal vez su espíritu se habrá serenado[[28-5]] y hasta regocijado, y el
desconocido artista sea ahora un viejo muy gordo y muy
20 alegre....—Por todo lo cual ¡hay que buscarlo! Y, sobre
todo, necesitamos averiguar si llegó a pintar más
obras....—Seguidme.
Y así diciendo, Rubens se dirigió a un fraile que rezaba en
otra capilla y le preguntó con su desenfado habitual:
25 —¿Queréis decirle al Padre Prior que deseo hablarle de
parte del Rey?
El fraile, que era hombre de alguna edad, se levantó trabajosamente,
y respondió con voz humilde y quebrantada:
—¿Qué me queréis?—Yo soy el Prior.
30 —Perdonad, padre mío, que interrumpa vuestras oraciones
(replicó Rubens). ¿Pudierais decirme quién es el autor de
este cuadro?
—¿De ese cuadro? (exclamó el religioso.) ¿Qué pensaría
V. de mí si le contestase que no me acuerdo?
(p29)
—¿Cómo? ¿Lo sabíais, y habéis podido olvidarlo?