Y chocando ya botellas contra botellas, que no[[37-3]] vasos contra
vasos.

—¡Viva Napoleón! ¡Muera Fernando![[37-4]] ¡Muera Galicia![[37-5]]—gritaron
15 a una voz.

García de Paredes esperó a que[[37-6]] se acallase el brindis, y
murmuró con acento lúgubre:

—¡Celedonio!

El mancebo[[37-7]] de la botica asomó por una puertecilla su cabeza
20 pálida y demudada, sin atreverse a penetrar en aquella caverna.

—Celedonio, trae papel y tintero—dijo tranquilamente el
boticario.

El mancebo volvió con recado de escribir.[[37-8]]

—¡Siéntate! (continuó su amo.)—Ahora, escribe las cantidades
25 que yo te vaya diciendo. Divídelas en dos columnas.
Encima de la columna de la derecha, pon: Deuda,[[37-9]] y encima
de la otra: Crédito.

—Señor ... (balbuceó el mancebo.)—En la puerta hay
una especie de motín.... Gritan ¡muera el boticario!...
30 Y ¡quieren entrar!

—¡Cállate y déjalos!—Escribe lo que te he dicho.