Para dar realce a todas estas elevadísimas doctrinas, y cediendo
también a un espíritu de equidad, nosotros, que nos
complacemos frecuentemente en referir y celebrar los actos
15 heroicos de los españoles durante la Guerra de la Independencia,[[55-3]]
y en condenar y maldecir la perfidia y crueldad de los
invasores, vamos a narrar hoy un hecho que, sin entibiar en el
corazón el amor a la patria, fortifica otro sentimiento no menos
sublime y profundamente cristiano:—el amor a nuestro prójimo;—sentimiento
20 que, si por congénita desventura de la humana
especie, ha de transigir[[55-4]] con la dura ley de la guerra,
puede y debe resplandecer cuando el enemigo está humillado.
El hecho fué el siguiente, según que[[55-5]] me lo han contado
personas dignas de entera fe, que intervinieron en él muy de
25 cerca[[55-6]] y que todavía andan por el mundo.—Oíd sus palabras
textuales.
(p56)
II
—Buenos días, abuelo[[56-1]] ...—dije yo.
—Dios guarde a V., señorito ...—dijo él.
—¡Muy solo va V. por estos caminos!...
—Sí, señor. Vengo de las minas de Linares,[[56-2]] donde he estado
05 trabajando algunos meses, y voy a Gádor[[56-3]] a ver a mi familia.
—¿Usted irá[[56-4]]...?
—Voy a Almería[[56-5]]..., y me he adelantado un poco a la
galera[[56-6]] porque me gusta disfrutar de estas hermosas mañanas
de Abril.—Pero, si no me engaño, usted rezaba cuando yo
10 llegue....—Puede V. continuar.—Yo seguiré leyendo entretanto,
supuesto que el escaso andar de esa infame galera le
permite a uno estudiar en mitad de los caminos....
—¡Vamos! Ese libro es alguna historia....—Y ¿quién
le ha dicho a V. que yo rezaba?
15 —¡Toma! ¡yo, que le he visto a V. quitarse el sombrero[[56-7]] y
santiguarse!