25 —Tres duros y siete reales.

—Pues dejadnos solos.

Todos se alejaron.

—Ahora dime la buenaventura—exclamó el ladrón, tendiéndome
la mano.[[4-5]]

30 Yo se la[[4-6]] cogí; medité un momento; conocí que estaba en el
caso de hablar formalmente, y le dije con todas las veras[[4-7]] de mi
alma:

Parrón, tarde que temprano,[[4-8]] ya me[[4-9]] quites la vida, ya
me la dejes..., ¡morirás ahorcado!
(p5) —Eso ya lo sabía yo.... (respondió el bandido con entera
tranquilidad.)—Dime cuándo.

Me puse a cavilar.

Este hombre (pensé) me va a perdonar la vida; mañana
05 llego a Granada y doy el cante;[[5-1]] pasado mañana lo cogen....
Después empezará la sumaria....

—¿Dices que cuándo?[[5-2]] (le respondí en alta voz.)—Pues
¡mira! va a ser el mes que entra.[[5-3]]

Parrón se estremeció, y yo también, conociendo que el amor
10 propio de adivino me podía salir por la tapa de los sesos.[[5-4]]