DON GONZALO. ¿A su edad?… Me permito dudarlo.
DOÑA LAURA. Déme usted el libro. Lo toma de mano de don Gonzalo, y lee:
Pasan veinte años:[164] vuelve él,
y al verse, exclaman él y ella:
(—¡Santo Dios! ¿y éste es aquél?…)
(—¡Dios mío! ¿y ésta es aquélla?…)
Le devuelve el libro.
DON GONZALO. En efecto: tiene usted una vista envidiable.
DOÑA LAURA. (¡Como que me sé los versos de memoria!)
DON GONZALO. Yo soy muy aficionado a los buenos versos… Mucho.[165] Y hasta los compuse en mi mocedad.
DOÑA LAURA. ¿Buenos?
DON GONZALO. De todo había.[166] Fuí amigo de Espronceda, de Zorrilla, de Bécquer… A Zorrilla lo conocí en América.
DOÑA LAURA. ¿Ha estado usted en América?