LUJÁN. ¿Cómo?
DON BASILIO. Que ahora verás.
Sale TATA.
TATA. Aquí estoy ya de vuelta. Encarándose con Luján. Bueno, señor: es costumbre de la señora que sus servidores demos los recados a todas las personas de la misma forma que ella los da.
LUJÁN. Bien. Me parece muy bien.
DON BASILIO. ¿Tú le has dicho?…
TATA. Yo le he dicho que había llegado y que tenía gusto en saludarla su amigo de usted el forastero.
DON BASILIO. ¿Y qué te ha contestado ella?
TATA. Que dime con quien andas, te diré quién eres.[13] Que está en el oratorio, y que no sale porque no quiere ver visiones. Y que mañana con la luz del sol tendrá usted mejor vista. Con permiso. Se va por la puerta del foro hacia la derecha.
Luján la mira fijamente, un poco estupefacto, sin dar crédito a lo que oye. Don Basilio traga alguna saliva. Pausa.