LUJÁN. ¿Qué es esto, Basilio?
DON BASILIO. Isidoro, abrázame.
LUJÁN. Basilio, ¿qué es esto?
DON BASILIO. Abrázame, Isidoro.
LUJÁN. ¿Por qué no?
DON BASILIO. Eres el rigor de las desdichas.
LUJÁN. En los cuarenta y nueve años que tengo, no me ha ocurrido cosa igual. ¿Quieres explicarme?…
DON BASILIO. ¡Ay, querido Isidoro! No sólo has venido a Guadalema a que te fría la sangre la familia de don Rodrigo, sino a cumplir al lado mío, en el caserón de los Olivenzas, un alto deber profesional.
LUJÁN. ¡Carape! como dices tú.
DON BASILIO. Mi hermana Clarines… Barrenándose con un dedo la sien. Mi hermana Clarines ha perdido el juicio.