Por la puerta de la izquierda salen los ojos de Marcela, y luego MARCELA, la sobrina de doña Clarines. Viste de negro. Su hablar es comedido y prudente.
MARCELA. Buenas noches.
DON BASILIO. Aquí la tienes. Ésta es Marcelita. Mi amigo Luján…
MARCELA. Ya, ya me he figurado… Tanto gusto… Acabo de darle los últimos toques a su alcoba de usted.
LUJÁN. Mil gracias. No podía yo sospechar que manos tan lindas…
MARCELA. Calle usted, por Dios.
DON BASILIO. Chico, eres el mismo de antaño. Este perillán es muy galante.
LUJÁN. ¡Bah!
MARCELA. Cualquiera falta que usted note allá, cualquier cosa que necesite, me lo dice a mí.[21]
DON BASILIO. Sí, mejor es: porque si se lo dices a Tata, Tata va con el cuento a doña Clarines y tenemos gresca.