MARCELA. Me pone usted en cuidado. ¿Qué novedad hay?

DOÑA CLARINES. Novedad… ninguna.

MARCELA. Pues usted dirá.[38]

DOÑA CLARINES. Desde que tu padre murió, llevas a mi lado muy cerca de tres meses, y siempre que hemos tratado en nuestros coloquios de un sentimiento muy natural a la edad en que tú te hallas—aunque se da en todas las edades, porque hay mucha vieja sinvergüenza y pindonga,—me has dicho que no tienes novio. ¿Es esto verdad?

MARCELA. Sí, señora: cuando se lo he dicho a usted así…

DOÑA CLARINES. Está bien. Sales en lo hipócrita a tu madre, y a tu padre en la falta de seso.

MARCELA. Tía Clarines…

DOÑA CLARINES. ¡Tía Jinojo! Ten en cuenta que estás en un callejón sin salida.

MARCELA. ¿Piensa usted decir mentira para sacar verdad?

DOÑA CLARINES. Al contrario: pienso decir verdad, para sacar mentira. Ya sabes que a mí no se me ocultan las cosas.