MARCELA. Él… acaso venga[48] a Guadalema…
DOÑA CLARINES. Rápidamente. Si no es que ya ha venido.
MARCELA. Sorprendida. No, señora.
DOÑA CLARINES. Cualquiera fía en tus negativas.[49] Pero, en fin, haya venido o no,[50] cuando venga, vendrá a verte a esta casa. Tus visitas ahí enfrente se han concluído. Se quedó doña Sebastiana sin novio. Por mi parte, con oírlo un par de veces nada más, lo diseco.[51] Y si como barrunto es un zascandil…
MARCELA. ¿Un zascandil?
DOÑA CLARINES. Muy cerca ha de andarle[52] el hombre que conociendo quién soy para ti, cómo vives conmigo, se oculta de mí y se vale de tapujos y tercerías. Limpio no juega.
MARCELA. ¡Tía Clarines!
DOÑA CLARINES. No hablemos más del particular. Si el señorito no me entra por el ojo derecho, prepara media docena de pañuelos para llorarlo tres o cuatro días. Más no ha de durarte la congoja de la separación, ya que probablemente se tratará[53] de una chiquillada.
MARCELA. Todo lo compone usted a su gusto…
DOÑA CLARINES. Punto final.