LUJÁN. ¿Ah, sí?
DON BASILIO. ¡Naturalmente, hombre! Anda, vámonos a la calle, que tenemos tela cortada para largo.
LUJÁN. Presumo que sí. A Marcela. Marcelita, muy buenas noches.
MARCELA. Saliendo de la abstracción en que se hallaba. Qué, ¿se marchan ustedes?
LUJÁN. Sí; pero a las once menos cinco minutos estaremos de vuelta. Yo me ciño a los estatutos.
MARCELA. Hace usted bien. Hasta mañana.
LUJÁN. Hasta mañana.
MARCELA. Adiós, tío.
DON BASILIO. Adiós, pequeña. Y no te apures tú mientras viva tu tío Carape. ¡Qué carape! Se va con Luján por la puerta del foro, hacia la izquierda.
MARCELA. ¡Que no me apure, dice!… ¿Qué sabe él? ¡Para no apurarse es la situación! Y habrá que echar por la calle de en medio,[62] y decir la verdad. Miguel y yo, ¿por qué razón no hemos de querernos?