Sale por la puerta de la izquierda DARÍA, llena de inquietud.
DARÍA. ¡Señorita! ¡Señorita!
MARCELA. ¿Otra te pego? ¿Qué pasa?
DARÍA. Que se me ha olvidado preguntarle a usted a qué hora tengo que levantarme.
MARCELA. Con las gallinas. La señora se levanta a las seis… Ya te llamará Tata: descuida tú.
DARÍA. Es que me había dicho Crispín que la señora llamaba a los criados con una trompeta.
MARCELA. Eso es en los cuarteles. Aquí no.
DARÍA. Ya. Crispín, desde que lo han tallado, no oye más que trompetas.
Diga usted, señorita.
MARCELA. ¿Qué?
DARÍA. ¿Antes de acostarme debo entrar a besarle la mano a la señora?