En este momento sale DOÑA CLARINES de sus habitaciones. La impresión que su presencia les hace a Tata y a Marcela, es grande.
DOÑA CLARINES. Aquí las dos.
MARCELA. ¡Ah!
TATA. ¡Señora!
DOÑA CLARINES. Y las dos con llanto en los ojos. No me engañaron mis pensamientos.
TATA. Desconcertada. Creíamos que la señora estaba recogida ya…
DOÑA CLARINES. Lo sé: pero desde mi cuarto vi que esta luz permanecía encendida, y pensé sin equivocarme: Habla con firmeza, mirando fijamente a las dos, y como si en la turbación de ellas hallara evidenciado lo que imagina. Allí están mi sobrina y Tata; y hablan del novio de Marcela; y Marcela le propone a Tata algo a que Tata se resiste; porque al decir Marcela el nombre de su novio, tembló… A Marcela que intenta hablar. Y esto es por algo, que sabré sin que tú me lo cuentes. Pero, en fin, esta noche ha terminado toda conspiración. Podéis recogeros. Impidiendo cualquier respuesta. Sin decir palabra. Buenas noches.
MARCELA. Hasta mañana, tía.
TATA. Hasta mañana, si Dios quiere.
Marcela se va por la puerta de la izquierda, y Tata por la del foro, mirándola sobrecogidas.