Se va don Basilio por la puerta del foro, hacia la derecha, como hombre que no puede con sus desventuras, y no sin amenazar a doña Clarines con un ademán que ella no ve.
LUJÁN. Será mejor compadecerla a usted; ¿no, doña Clarines?
DOÑA CLARINES. ¿Y a mí por qué ha de tenerme usted compasión?
LUJÁN. Creí… Extraño verla en plan de salir a la calle. No se la concibe a usted sino entre estas paredes.
DOÑA CLARINES. Si lo dice usted porque quiere que yo le diga dónde voy a ir, no me importa que usted lo sepa.[75]
LUJÁN. Je…
DOÑA CLARINES. Todos los meses del año, tal día como hoy,[76] acostumbro ir con Tata a las casas de algunos pobres a darles la limosna que puedo. Es gente que la necesita y que no la pide. Tiene el pudor de su desgracia.[77] Por eso voy yo a visitarlos.
LUJÁN. Ya.
DOÑA CLARINES. Aguardo a Tata, que por lo visto se está emperejilando como si fuéramos a un baile. A la vejez, viruelas. ¿Y usted, va a ver a don Rodrigo?
LUJÁN. Todavía es temprano. ¿Le molesta a usted mi compañía?