DOÑA CLARINES. Ahora, no.

LUJÁN. Pues aprovechemos el momento.

DOÑA CLARINES. Siéntese usted.

LUJÁN. Muchas gracias. Lo hace. He de marchar de Guadalema mañana o pasado, y antes de marchar yo quisiera… Como sus costumbres de usted son tan respetables… ¿Usted me autoriza para que les haga un regalo a sus criados, que me están sirviendo a maravilla?

DOÑA CLARINES. ¡Pues no faltaba más! ¡Ya lo creo!

LUJÁN. ¿Me autoriza usted?

DOÑA CLARINES. Sí, señor.

LUJÁN. Ahí tiene usted lo que son las cosas: he tomado tantas precauciones temeroso de que fuera usted a ponerme como los trapos.

DOÑA CLARINES. No había por qué. Cuando lo pongo de hoja de perejil es si se va usted sin darles nada.

LUJÁN. ¿Sí, verdad?