ESCOPETA. ¿Y er de antes?

TATA. El de antes no duró sino tres. Aquel era muy poquita cosa. Se asustaba de todo.

ESCOPETA. ¡Es que se asusta er Sí Campeadó! ¿Usté sabe los mandaos que esta señora quié que uno le yeve a to er mundo?

TATA. ¿No he de saberlo?[6] ¡Aaaaah! Y que o se dicen las razones como ella las da, ce por be, o por la puerta se va a la calle. ¡Es mucha señora!

ESCOPETA. ¿Pos sabe usté lo que se me ocurre? Que en lugá de un criao debía tené un piquete de infantería.

TATA. Poco murmurar, ¿eh?

ESCOPETA. No es murmurá, señora; es que ahora me ha mandao que me yegue a la botica con esta boteyita que traje pa la señorita Marsela, y que le diga ar boticario: «De parte de doña Clarines, que no es esto lo que eya ha pedío; que agua der poso ya tiene eya bastante en su casa, y que se vaya usté a robá a Despeñaperros.»

TATA. Riéndose. ¡Aaaaah! Oyéndola estoy.

ESCOPETA. ¡Y yo estoy oyendo ar boticario!

TATA. Pues así lo ha de decir usted si no quiere perder la casa.