DOÑA CLARINES. Lleva esto a mi tocador.
TATA. Sí, señora.
Éntrase por la puerta de la derecha.
DOÑA CLARINES. Marcela.
MARCELA. Tía.
DOÑA CLARINES. Toma pluma y papel, que voy a contestarle a la señora de ahí enfrente.
MARCELA. ¿Ahora?
DOÑA CLARINES. Ahora, sí. En la única casa a que he ido, me han puesto del humor necesario.
Don Basilio saca el cuaderno de sus cantares y afila la punta de un lapicero.
MARCELA. Pues usted dirá. Siéntase ante una mesita 10 escritorio, y va escribiendo lo que la señora le dicta. A cada instante hace gestos de protesta y disgusto.