¡Santa Bárbara bendita[135] que en el cielo estás escrita con papel y agua bendita, en el árbol de la Cruz, Padre nuestro, amén Jesús!

Sale LUJÁN por la puerta del foro, y sorprende a Tata en su invocación.

LUJÁN. Pero, señor, ¿qué sucede aquí?

TATA. ¡Ay, señor Luján!

LUJÁN. Al llegar yo, salía Escopeta con una carta que me dice que es un explosivo; ahora bajaba el otro las escaleras rodándolas materialmente;[136] usted se santigua… ¿Qué es esto?

TATA. ¡Ay, señor Luján! ¡Prepare usted el tambor, que hoy tenemos títeres!

LUJÁN. ¿Cómo que tenemos hoy títeres? Expliqúese usted, Tata.

TATA. ¡Doña Clarines lo sabe ya todo!

LUJÁN. ¿Todo?

TATA. ¡Todo! ¡De lo más grave se ha enterado en la primera casa donde entramos a dar la limosna! Se lo dijeron sin querer hacerle mal ninguno: al contrario. Pero al oírlo se quedó blanca como la mesma nieve, aunque hizo por disimular. Y al salir de allí, fué, y me dijo: «Tata, vámonos a casa.» Y acá volvimos sin chistar. Nunca hasta hoy se ha dejado de dar la limosna completa.