DOÑA CLARINES. ¡Ay, Guillermo!

MIGUEL. Miguel.

DOÑA CLARINES. Con amargura. Miguel: es verdad. Si yo no perdono a quien ultraja, menos aún condeno a quien no tiene culpa.

MIGUEL. No toquemos más esa herida. Hablemos ahora de Marcela.

DOÑA CLARINES. ¿Para qué? Va usted a decirme de ella lo que ella me dice de usted.

MIGUEL. ¿Qué le dice de mí?

DOÑA CLARINES. Que es bueno, y que es bueno, y que es bueno.

MIGUEL. ¿Y usted lo duda?

DOÑA CLARINES. Con emoción. ¿Su madre de usted, vive?

MIGUEL. Sí, señora.