Cerrados siempre están.

Que es, de cuantos tormentos he sufrido,

La ausencia el más atroz; 10

Que es un perpetuo sueño de mi oído

El eco de su voz.

Que siendo por su causa, ¡el alma mía

Goza tanto en sufrir!...

Dios mío, ¡cuantas cosas le diría 15

Si supiera escribir!...

III