Sin acordarse de nada.
Recorre con su mirada
Aquel lugar solitario, 30
Alza el mármol funerario,
Y arrebatado y resuelto
Salta del sepulcro, envuelto
En su andrajoso sudario.
«¡Hola!» grita en son de guerra
Con aquella voz concisa,
Que oyó en el siglo, sumisa