Y la callada noche no refrena

Su lamentable oficio y sus querellas,

Trayendo de su pena

Al cielo por testigo y las estrellas: 10

Desta manera suelto yo la rienda

Á mi dolor, y así me quejo en vano

De la dureza de la muerte airada.

Ella en mi corazón metió la mano,

Y de allí me llevó mi dulce prenda; 15

Que aquel era su nido y su morada.