De tu león temiendo las hazañas;
Que, saliendo de España, dió un rugido
Que lo dejó asombrado y aturdido. 30
Hoy se vieron los ojos humillados
Del sublime varón y su grandeza,
Y tú solo, Señor, fuiste exaltado,
Que tu día es llegado,
Señor de los ejércitos armados,
Sobre la alta cerviz y su dureza,
Sobre derechos cedros y extendidos,