Dios, para convertir tu gloria en llanto

Y derribar tus ínclitos y fuertes,

Te hizo perecer con tantas muertes.

Llorad, naves del mar; que es destruida

Vuestra vana soberbia y pensamiento.

¿Quién ya tendrá de ti lástima alguna, 5

Tú, que sigues la luna,

Asia adúltera, en vicios sumergida?

¿Quién mostrará un liviano sentimiento?

¿Quién rogará por ti? Que á Dios enciende