Ni de los dos alguno fué primero.

. . . . . . . . . .

La justicia de Dios es verdadera 25

Y la misericordia, y todo cuanto

Es Dios, todo ha de ser verdad entera.

Señor excelentísimo, mi llanto

Ya no consiente márgenes ni orillas,

Inundación será la de mi canto. 30

Ya sumergirse miro mis mejillas,

La vista por dos urnas derramada