Del pobre estado y la quietud dichosa,

Ocio y seguridad pretende en vano,

Pues tras el luengo errar de agua y montañas,

Cuando el metal precioso coja á mano,

No ha de ver sin cuidado abrir el día. 25

No sin causa los dioses te escondieron

En las entrañas de la tierra dura;

Mas ¿qué halló difícil y encubierto

La sedienta codicia?

Turbó la paz segura