La piedad, que no habita en pecho avaro.

Tantos daños, riqueza,

Han venido contigo á los mortales,

Que aun cuando nos pagamos á la muerte, 15

No cesan nuestros males,

Pues el cadáver que acompaña el oro

Ó el costoso vestido,

Sólo por opulento es perseguido;

Y el último descanso y el reposo 20

Que tuviera en pobreza le es negado,