Siendo de su sepulcro conmovido.

¡A cuántos armó el oro de crueza,

Y á cuántos ha dejado

En el último trance ó dura suerte! 25

. . . . . . . . . .

Al menos animoso,

Para que te posea,

Das, riqueza, ardimiento licencioso.

Ninguno hay que se vea

Por ti tan abastado y poderoso, 30