Suelta, á otro lado, la madeja de oro,

Mustio el dulce carmín de su mejilla,

Y en su frente marchita la azucena,

Con voz turbada y anhelante lloro,

De su verdugo ante los pies se humilla 25

Tímida virgen, de amargura llena;

Mas con furor de hiena,

Alzando el corvo alfanje damasquino,

Hiende su cuello el bárbaro asesino

¡Horrible atrocidad!... Treguas ¡oh musa! 30