Las tinieblas que en torno te circundan,

Y déjame mirar tu faz serena,

Y de entusiasmo ardiente mi alma llena. 5

Yo digno soy de contemplarte; siempre

Lo común y mezquino desdeñando,

Ansié por lo terrífico y sublime.

Al despeñarse el huracán furioso,

Al retumbar sobre mi frente el rayo, 10

Palpitando gocé: ví al Oceano

Azotado del austro proceloso,