Te envenenaba heridas sin remedio.
¡Todo á su fin llegó! ¡todo ha cesado!
. . . . . . . . . .
Adelardo López de Ayala
(1828–1879)
PLEGARIA
¡Dame, Señor, la firme voluntad, 5
Compañera y sostén de la virtud;
La que sabe en el golfo hallar quietud
Y en medio de las sombras claridad: