Se lastimaban con el roce duro

De la materia frágil y grosera,

Que lo encerraba, cual estrecho muro.

Asaz sufriste ¡oh mísero! no era

La tierra tu morada. La profunda 30

Sed de goces y amor, que desdeñaba

Mezquinas fuentes de la tierra inmunda;

El inmenso vacío

Del insondable corazón; el tedio,

Que con su diente inexorable y frío