La flámula rïendo al aire ondea.

Cesó en su dulce canto el pasajero,

Ahogó su vocería

El ronco marinero,

Terror de muerte en torno le rodea,

Terror de muerte silencioso y frío;

Y él va á estrellarse al áspero bajío.

Llega el momento, en fin; tiende su mano

El tirano del mundo al occidente,

Y fiero exclama: «El occidente es mío.»